Todavía joven y todavía con unas ganas enormes de visitar este mundo. El nombre de Ocholobos surge, creo, de una noche de insomnio festivo. Y surgió en dos partes. La primera, ocho, vino de que ese es el número de mi propósito de vida, vamos, que yo cuando veo un ocho me pongo risueño y me digo que voy por buen camino. Y eso es lo que quiero, ir por el buen camino de este oficio que es mirar y contar. Y lo de lobos, esta pare es distinta pero también tiene, como dice mi tía, su ese. Lobo viene de Pulp Fiction y de aquel personaje que surge de la nada para solucionar el desaguisado de Travolta y su socio. Me gustó el personaje porque era servicial, listo, rápido y limpio. Y así, combinando combinando, se me apareció el nombre de Ocholobos como proyecto vital. Un proyecto para una vida. Un proyecto que ya no es proyecto porque ya es vida pura. A mí me dio por estudiar Ciencias Políticas y al finalizar pensé que aquello para qué serviría, qué podría hacer yo con aquel arsenal de conocimientos. No supe responderme así que me entregué a la diosa Fortuna por ver que me tenía guardado. Y empezó la vida con sus avatares. Una productora en Granada, algo de Cooperación internacional, la visita obligada a Inglaterra, otras cosas que no mencionaré pero que me avisaron de que si te pones a trabajar en algo que no te gusta, más tarde o más temprano acabarás por dejarlo. Ocholobos me dirige desde hace unos diez años. Con esta marca he ido tejiendo una serie de trabajos muy chulos. El documental es quizá la pieza principal, documentales sobre el ser humano y su mesa camilla y también los libros de rostros. Por ahí voy caminando con gran alegría porque de toda la gente que conozco, aprendo. Y para cerrar el circulo de mi trabajo, diré que la fotografía es mi gran pasión. Así que lo mismo podemos hacer un retrato muy bonito, que un vídeo corporativo, que escribir una biografía no autorizada. Bueno, ya no iremos conociendo. Salud y montaña.